¿Has salido de la piscina o del mar con los ojos rojos, irritados o con sensación de ardor? Aunque muchas personas creen que se trata de una reacción normal, la realidad es que el enrojecimiento ocular suele ser una señal de que la superficie del ojo está sufriendo una irritación que conviene prevenir. Conocer qué ocurre en cada caso es el primer paso para proteger la salud visual y evitar molestias durante el verano.
Durante los meses de calor aumentan las actividades acuáticas y, con ellas, las consultas oftalmológicas relacionadas con irritaciones oculares. Tanto el agua de las piscinas como el agua del mar pueden afectar a la película lagrimal, aunque lo hacen por mecanismos diferentes. La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, estas molestias pueden prevenirse con hábitos sencillos.
¿Por qué se ponen rojos los ojos después del baño?
Los ojos están protegidos por una fina película lagrimal que mantiene hidratada la superficie ocular y actúa como barrera frente a agentes externos. Cuando esta película se altera, aparecen síntomas como enrojecimiento, escozor, lagrimeo, visión borrosa temporal o sensación de cuerpo extraño.
En la piscina, muchas personas atribuyen el enrojecimiento al cloro, pero esta explicación no siempre es correcta. El principal responsable suele ser la reacción química entre el cloro y sustancias orgánicas presentes en el agua, como el sudor, restos de cosméticos o la orina. Esta combinación genera cloraminas, compuestos irritantes que afectan tanto a los ojos como a las vías respiratorias.
El agua de la piscina y sus compuestos químicos
El cloro es un desinfectante imprescindible para mantener el agua libre de microorganismos. Sin embargo, cuando la concentración de cloraminas aumenta debido a un mantenimiento insuficiente o a una elevada afluencia de bañistas, la superficie ocular puede irritarse con mayor facilidad.
Las personas con ojo seco, alergias o usuarios de lentes de contacto suelen ser especialmente sensibles a estos cambios, ya que su película lagrimal presenta menor capacidad de protección.
El agua del mar también puede irritar
Aunque el mar no contiene productos desinfectantes, su elevada concentración de sal puede alterar temporalmente la estabilidad de la lágrima. Además, la presencia de arena, microorganismos, materia orgánica, contaminación o restos de cremas solares puede favorecer la aparición de irritación ocular.
En la mayoría de las personas, estas molestias desaparecen pocos minutos después del baño, pero cuando persisten pueden indicar una inflamación de la superficie ocular que requiere valoración médica.
Piscina o playa: ¿qué agua resulta más agresiva para los ojos?
No existe una respuesta única, ya que depende del estado del agua y de las características de cada persona.
Una piscina correctamente tratada suele ser segura para los ojos. El problema aparece cuando existe un exceso de cloraminas o un mantenimiento deficiente.
Por otro lado, el agua del mar posee una concentración elevada de sal que puede provocar sensación de sequedad o escozor, especialmente si el ojo ya presenta irritación previa.
Diferencias entre ambos tipos de agua
La piscina suele provocar irritación por la acción química de los desinfectantes y de sus derivados.
El mar produce molestias principalmente por la elevada salinidad y por la posible presencia de partículas en suspensión.
En ambos casos, permanecer largos periodos con los ojos abiertos bajo el agua aumenta considerablemente la exposición de la superficie ocular.
¿Qué ocurre si utilizas lentes de contacto?
Los oftalmólogos desaconsejan bañarse con lentes de contacto, tanto en piscinas como en playas. Las lentes pueden retener microorganismos, partículas o productos químicos sobre la córnea, aumentando el riesgo de infecciones oculares potencialmente graves.
Además, el agua puede modificar la forma de la lente, favorecer su desplazamiento o incluso provocar que quede adherida a la superficie ocular.
Lo más recomendable es utilizar gafas graduadas para actividades acuáticas o lentes de contacto desechables de un solo uso junto con gafas de natación homologadas.
Cómo proteger tus ojos durante el verano
La mejor estrategia consiste en prevenir la irritación antes de que aparezca. Algunos consejos sencillos pueden marcar una gran diferencia:
- Utiliza gafas de natación que ajusten correctamente al contorno de los ojos.
- Evita abrir los ojos bajo el agua durante largos periodos.
- No te bañes con lentes de contacto siempre que sea posible.
- Aclara los ojos con suero fisiológico o lágrimas artificiales tras salir del agua.
- Mantén una buena hidratación y utiliza lágrimas lubricantes si padeces ojo seco.
- Acude al oftalmólogo si el enrojecimiento dura más de 24 horas, aparece dolor intenso, secreción, visión borrosa persistente o sensibilidad importante a la luz.
¿Cuándo conviene acudir al oftalmólogo?
Aunque la mayoría de las irritaciones desaparecen espontáneamente, existen situaciones que requieren una exploración oftalmológica.
Si el ojo permanece rojo durante varios días, existe dolor importante, disminución de la visión, secreción abundante o dificultad para abrir el ojo, es fundamental acudir cuanto antes al especialista. Estos síntomas pueden indicar una infección, una úlcera corneal o una inflamación que necesita tratamiento específico.
La automedicación con colirios que contienen corticoides o antibióticos sin prescripción médica puede empeorar determinadas enfermedades o retrasar un diagnóstico adecuado.
Disfruta del agua sin poner en riesgo tu salud visual
La piscina y la playa forman parte del verano y no deben convertirse en un motivo de preocupación. Con unas medidas preventivas sencillas y una correcta higiene ocular es posible disfrutar del baño minimizando el riesgo de irritación.
Recuerda que los ojos rojos no son una consecuencia inevitable del verano; suelen ser una señal de que la superficie ocular necesita protección. Si las molestias persisten o aparecen síntomas fuera de lo habitual, una revisión oftalmológica permitirá identificar la causa y aplicar el tratamiento más adecuado para preservar la salud de tus ojos.

